Cueva lucha ante dos rivales. Twitter selección peruana
Cueva lucha ante dos rivales. Twitter selección peruana

Por Daniel Rodríguez Varela

Son las 6:26 de la tarde y yo empiezo a escribir estas líneas. Acabo de salir de darme un duchazo. Uno de esos largos, en los que la conciencia por cuidad el agua no está presente y dura más de lo que debería. Uno de esos que te hace pensar un tema -o varios- y no te permite encontrar respuesta a tus interrogantes.

Han pasado poco más de 12 horas desde que Australia eliminó a Perú y sigo pensando lo mismo: perdimos todos. Para mí fue un dolor de cabeza verlo por culpa de la estabilidad de la conexión en páginas varias que iba encontrando. Durante esas más de dos horas de juego mi mejor amigo fue el «refresh» en Google Chrome y Microsoft Edge. Y finalmente perdí.

Perdió Ligia, quien miró casi todo el partido conmigo y su nerviosismo fue de menos a más. Algo interesante al tratarse de una persona que no disfruta ni vive ni siente el fútbol; y que además tiene puntos de vista claros respecto a la hipocresía del hincha peruano cuando juega la selección vs. lo que vive su país. Se respeta y se entiende. Ah, y dije «casi todo el partido» porque no quiso ver los últimos penales pues los nervios le ganaron la cabeza. Y sintió la pegada.

Perdieron los que se excedieron de triunfalistas. Aquellos que apostaron a ciegas y de manera arrogante, en miles, a un triunfo que no se vio en ninguna bola de cristal; y también los que se daban por fijos en el Medio Oriente pero no precisamente para el repechaje, sino ya tenían casi todo armado para estar entre jeques en noviembre aunque olvidaron un detalle (muy) importante: faltaba el partido más importante.

Perdieron los dirigentes de la Federación Peruana de Fútbol, desde hace años, por el mamarracho de torneo que se organiza en mi país desde hace mucho tiempo. No hay una estructura base, no se forman jugadores y hasta los abogados llegan a jugar mejores partidos que los mismos jugadores. Además, creería que la estrategia para afrontar este partido único en un lugar como Qatar no fue la idónea; quizás menos días en España y algo más de tiempo en el Medio Oriente hubiese sido mejor.

Perdió la prensa (la buena, la mala y la fea) por sentirse segura en la próxima cita mundialista. Bueno, no puedo generalizar, pero sí he sentido que la gran mayoría daba por sentado que harían notas a compatriotas usando turbantes blanquirrojos en noviembre. Seguramente en las redacciones ya se estaba «peleando» por el cupo para cubrir el Mundial, pero perdieron. Como en las apuestas.

Perdió, también, el empresario peruano y esta es, quizás, uno de los más afectados. Seguramente se venía una campaña brutal con todo lo relacionado a Perú en Qatar pero ya no, se perdió. Y en los penales, en aquel partido que era el último pues sus eliminatorias la vienen jugando desde octubre de 2020, luchando encuentro tras encuentro frente a una pandemia que fue eliminando negocios fecha tras fecha.

Perdió, creo yo, Ricardo Gareca, el hombre que hizo de todo con muy poco, al equivocarse el día en que menos margen de error había. Tuvo la mala fortuna de no contar con Yotún para este encuentro crucial, y que ninguno de quiénes estaban llamados a hacer sus funciones lo hayan logrado. Y ni que hablar de los cambios y la demora en ellos. En fin, hasta al mejor tigre se le puede escapar la presa más fácil, y esta vez fue más rápido el canguro.

Perdieron los jugadores, el plantel completo, al no estar a la altura en el partido que debían. Puedes lograr todo a lo largo de tres años de lucha; remontadas, victorias de visita, jugar partidos que no se olvidarán, empezar de menos a más e ilusionar a un país. Pero no puedes dejar de tener cabeza y mente para jugar los 90 minutos más importantes. ¡Era el último paso! Y lo que más dolió es que no se perdió por fútbol (Australia no te gana por jugar bien), se ganó por cabeza.

Perdieron Luis Advíncula y Alex Valera, los que fallaron en la definición por penales. Sin embargo, de todos los que perdimos ellos son los menos responsables porque una cosa es perderlo en el sillón, en la cama, en la tribuna, en un bar o restaurante o dónde sea, y otra es perderlo en el punto de penal asumiendo una responsabilidad gigante- y teniendo los huevos para hacerlo-.

Perdió Qatar y el Mundial en general. Tuve la suerte de estar en Rusia 2018 y realmente fuimos los peruanos quiénes destacamos por encima de los demás. SIn necesidad de tener rótulos internacionales sí fuimos la mejor hinchada. Más de 10 mil llegaron al repechaje y me imagino que el número se cuadruplicaba en noviembre. ¿Australianos? Dudo que más de mil lleguen. Seguro hay un torneo de Rugby y se enterarán de los resultados de los partidos de fútbol al día siguiente, en el noticiero.

Perdimos todos, sin lugar a duda. Perdimos, pero nos quedó una lección muy dura e importante: siempre hay que trabajar la cabeza y no sentirse ganador antes de tiempo. Toca pensar en un cambio de generación pero, principalmente, de bases. Desde la cabeza hasta los chicos de 8 o 10 años que están dando sus primeros pasos en el fútbol.

Son las 7:04 de la noche y acabo de terminar de escribir esto. Aún no puedo sacarme de la cabeza no la derrota, sino la manera. Pero, en fin, perdimos todos y ya está. Todo sigue. Pero perdimos.

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